LAS PIERNAS DE LA MUJER NOS PUEDEN VENCER0
Comentaba en el anterior post que había estado conversando con mi viejo amigo Richard, el cual había realizado un postgrado en Ciencias del Deporte en Francia, y nos referíamos al desempeño de la mujer en el deporte. Sin embargo nos detuvimos y pasamos largo tiempo conversando acerca de los cambios hormonales y las distintas etapas por las que atraviesa la mujer a lo largo de su vida siendo la más importante o quizá debería decir crítica, la menopausia en la que una serie de cambios confluyen en el organismo femenino con el fin e terminar el ciclo reproductivo para siempre. Pero antes, un cabo suelto había quedado en la conversación y era el referente a la fuerza que puede tener la mujer en ciertos aspectos que podrían ser, a priori, circunscritos al ámbito exclusivamente masculino. Cierto es que ya nos habíamos referido a la fuerza en la mujer, pero nos referíamos más a un tipo de fuerza mental, quizá espiritual o los correcto sería decir fuerza de voluntad, que al parecer está perfectamente planeada por la naturaleza para ejercer la función materna de la mejor manera. Obviamente las hormonas son poderosos mensajeros que viajan a través del organismo dando órdenes y, en este caso, no los son menos.
Una vez terminada esta conversación, Richard me dijo que tenía que irse a preparar una charla que pensaba dictar en una de las federaciones deportivas en las que había sido programado. Yo por mi parte le dije que no podía retirarse dejándome en ascuas respecto del tema de la fuerza que puede desarrollar la mujer en los campos masculinos como el mismo dijo, me quedaba la duda si se refería a la dominación del hombre por parte de la mujer y si había alguna correlación de esta situación con el deporte o con el escenario hormonal, lo cual sería francamente interesantísimo. Así que Richard me invitó a acompañarlo a su oficina a preparar su clase y en el camino me fue informando sobre mis dudas. En primer lugar no se trataba de lo que yo estaba pensando. De ser así, ya lo habría aplicado en mi matrimonio, me dijo Richard antes de soltar una sonora carcajada y luego pasó a decirme que más bien se trataba del entrenamiento de la mujer en los deportes que priorizan el entrenamiento de la fuerza de la parte inferior del cuerpo. Estábamos hablando entonces de que la mujer puede ejercer tanta fuerza como el hombre en un entrenamiento específico de piernas. Sorprendente también. En efecto, Richard me aclaró que la mujer tiene tantas fibras musculares en las piernas como el hombre y por tanto el potencial para su desarrollo físico y de fuerza está en igualdad de condiciones. Esto también está pensado por la naturaleza, la cual, según estudios, ha otorgado este derecho a la mujer por su función materna, previniendo un parto difícil, al parecer teniendo en cuenta la posibilidad de que sea un parto múltiple.
La información se completó con los datos que hacían referencia a que, el único limitante que tiene la mujer ocurre en la parte superior del cuerpo, en la que el conteo de fibras musculares es mucho más bajo que en el hombre. Richard terminó su brillante exposición con algunos ejemplos. Me dijo que en un entrenamiento en gimnasio la mujer puede efectuar un ejercicio de sentadilla con determinado peso y que su limitante vendrá al momento que la espalada tenga que asistir el movimiento según la magnitud de la carga con la que esté trabajando. En ese movimiento el hombre seguramente la superará. Por el contrario, si el ejercicio realizado corresponde a una prensa, en que la espalda no interviene significativamente, la mujer podrá utilizar cargas tan altas como las que puede utilizar un hombre que visualmente se ve más desarrollado que ella. Así que, no te sorprendas si ves el gimnasio a una mujer levantando más de 300 kilos en la prensa atlética, remachó.
