NOSOTROS MISMOS DEBEMOS CUIDARNOS LAS ESPALDAS0
Me emociona tanto la idea de ir a Francia a estudiar mi postgrado en Entrenamiento Físico y Musculación que ayer por poco y sufro una lesión severa de espalada y es justamente a raíz de este pequeño accidente que me animé a escribir este post y compartir mi experiencia en este campo. Lo que sucedió fue que me puse a revisar algunas anotaciones que tenía de la época de la universidad y en especial me detuve en unas separatas que nos habían entregado por aquellos años. Las separatas eran acerca de ejercicios, eran un total de seis fascículos, cada uno conteniendo ejercicios específicos para cada parte del cuerpo, así había un fascículo dedicado exclusivamente al entrenamiento de piernas, otro dedicado al entrenamiento de los pectorales, el tercer fascículo se enfocaba en el trabajo de brazos, el cuarto en el entrenamiento de hombros, el quinto en el trabajo de espalada y, finalmente el sexto en el acondicionamiento de la zona abdominal. Lo más frecuente, al menos entre los hombres, es que los mayores esfuerzos se concentren en el entrenamiento del pecho y también en el desarrollo de los brazos, es ahí donde se pone mayor énfasis y se entrena estos músculos casi a diario, sin embargo esto puede resultado por algún tiempo pero luego de este período se cae en el llamado fenómeno del sobreentrenamiento, al cual me quisiera dedicar en un post futuro. Finalmente también se busca que hacer muchos ejercicios abdominales pero sin vigilar la dieta o, en todo caso, sin mentalizarse adecuadamente en la misma ya que se requiere gran fuerza de voluntad para realizarla.
En mi caso no me gusta descuidar ninguna parte de mi cuerpo a la hora de entrenarlo y busco que mantener un equilibrio entre las partes, sin embargo me gusta ponerle un poco más de énfasis al entrenamiento de espalda ya que un buen desarrollo de esta, representa un efecto visual muy importante que determinará cuan ancho y atlético se vea uno. Fue justamente en el fascículo dedicado al entrenamiento de espalda que me detuve ya que, a diferencia de otros manuales, en este tomo se consignaban ejercicios de la vieja escuela que habían sido olvidados en el tiempo pero que fueron los que forjaron a los primeros atletas del físico culturismo como lo fueron Steve Reeves, recordado por su equilibrado físico en películas como Hércules o Sandokan, también utilizaron estos ejercicios Lou Ferrigno, recordado por encarnar al Increíble Hulk en la televisión o el propio Arnold Schwarzenegger antes de saltar a la fama por sus actuaciones en Hollywood. Como digo, los ejercicios que se detallaban eran verdaderos clásicos y decidí practicar algunos, fue así que me dirigí hasta mi patio trasero donde tengo todo el equipo necesario para un entrenamiento básico. En este caso los ejercicios del fascículo presentaban un factor común y era que todos se realizaban sólo con una barra cargada con peso según el grado de acondicionamiento de cada quien. Un ejercicio me llamó la atención pues no lo había conocido antes, una ejecución poco ortodoxa ciertamente pero que era mecánicamente correcta. Me decidí entonces a ejecutarla, el ejercicio comenzaba adoptando una posición arrodillada, casi sentado sobre los talones y consistía en darle un envión a la barra para llevarla hasta la altura de los hombros y luego retornar a la posición inicial dejando la barra en el suelo antes de proceder a la siguiente repetición.
La primera repetición fue exitosa, la segunda y la tercera también y gané en confianza hasta que llegó la fatídica novena repetición, logré dar el envión pero a un tercio del camino para la elevación de la barra, sentí un chasquido en la zona lumbar que me obligó a abandonar el movimiento. A duras penas logré incorporarme sólo para comprobar que no podía erguirme con normalidad, sin duda tenía una contractura de espalada baja lo cual me pareció raro pues había trabajado con un peso moderado. Eso fue todo, fui a colocarme hielo en la zona afectada y a reposar. Ya en mi cama caí en la cuenta que me faltó hacer algo muy importante antes de ejecutar el movimiento, había olvidado el calentamiento general del cuerpo por al menos cinco minutos. La vehemencia y la emoción me jugaron una mala pasada pero afortunadamente el dolor ya esta remitiendo.
